El Todo

 

El todo…
La tarde caía, y los últimos claros del cielo se escurecieron
giraron demasiado.
Bajaron a unirse con la tierra sentido común de todas las cosas
en ella ya se había hecho de noche mucho antes
de que un torrente de llanto como tsunami apareciera.
Más la ciudad estaba ¡viva!, ¡los trenes circulaban!
Pero un alma rota recogió con dolor aquella tarde y su despedida.
Los recuerdos florecían ante la muerte de la gloria vivida.
Sin rumbo el tsunami vagabundeo por calles
que no conocía.
Surgió la calma, y en aparente serenidad, la noche se hizo dueña de aquel cielo azul
donde la tormenta se desencadeno un día.
Más todo sigue el curso de los días, con el consuelo,
de que el llanto que sale del alma, tenga dolor día a día.

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de Manuel Gandarias Carmona Publicado en Nube

Dedicado a Gloria Fuertes – Autora Pilar Alvarez

 

EL AMOR ASUSTA

 

Querida Gloria:

Te pasaba, lo que a todas las mujeres,

siempre ganamos amando.

Al mismo tiempo, como tú bien decías:

el amor tiene vocación de Santo, pero no pasa de Mártir.

Decías que el amor produce sobre todo un desencanto,

que desemboca en dolor…

Buscabas el amor real, de carne y hueso,

por ello te hiciste rebelde a entenderte con él,

era tu contradicción personal.

Tu amor estaba en la poesía

y la defines como un acto de amor,

como una oración, que practicabas en casa sin ir a la Iglesia.

Todo lo desempeñabas a través de ella,

tardaron en entenderlo, o les daba miedo.

Sin embargo tú no tenías miedo

te afiliabas a todo, a lo feo, lo bello, lo dulce, lo amargo,

tu obra poética era para todas las personas, te hicieran caso, o no.

Siempre creías que algún Ángel estaba entre nosotros,

los mismos que nos evitarían el suicidio,

ya que tu sentías que seguía habiendo motivos para reír,

aunque algunas veces te encontrabas con muchos achuchones de soledad.

¡Les atacabas con tu particular ironía!

Cuando muera no te eches a llorar, échate la siesta con tu amante de turno.

Era consecuencia de un miedo a la vida y al amor

como en el poema que abre,

“todo asusta”,

asusta que la flor se pase pronto,

asusta querer mucho

y que te quieran.

de Manuel Gandarias Carmona Publicado en Nube

Poema de la cantidad – Jorge Luis Borges

 

Pienso en el parco cielo puritano
de solitarias y perdidas luces
que Emerson miraría tantas noches
desde la nieve y el rigor de Concord.
Aquí son demasiadas las estrellas.
El hombre es demasiado. Las innúmeras
generaciones de aves y de insectos,
del jaguar constelado y de la sierpe,
de ramas que se tejen y entretejen,
del café, de la arena y de las hojas
oprimen las mañanas y prodigan
su minucioso laberinto inútil.
Acaso cada hormiga que pisamos
es única ante Dios, que la precisa
para la ejecución de las puntuales
leyes que rigen su curiosos mundo.
Si así no fuera, el universo entero
sería un error y un oneroso caos.
los espejos del ébano y del agua,
el espejo inventivo de los sueños,
los líquenes, los peces, las madréporas,
las filas de tortugas en el tiempo,
las luciérnagas de una sola tarde,
las dinastías de las araucarias,
las perfiladas letras de un volumen
que la noche no borra, son sin duda
no menos personales y enigmáticas
que yo, que las confundo. no me atrevo
a juzgar la lepra o a Calígula.

de Manuel Gandarias Carmona Publicado en Nube

Palabras de amor al aire

 

Palabras de amor al aire
A veces mi voz se queda callada
porque hablo con el viento
para que te lleve mis palabras
que estallan en el aire
y son conducidas por gaviotas
a la cima de ese amor
que también tu callas.

de Manuel Gandarias Carmona Publicado en Nube

Lo dice, repite y repite una voz – Aurora de Albornoz

 

Lo dice, repite y repite una voz, garganta, entrañas de mujer que dulcemente se desgranan en sílabas, dulces palabras de mujer que dicen, gustan y regustan que por siempre llevarás sabor a mí. Tus labios llevarán sabor a mí. Y la memoria va desperezándose, desenredando ovillos, dorados o azules o cordíalmente grana, ovillos de palabras ondulantes de suave caminar hasta allí (donde aún no estaba Guiomar) y allí las palabras. Las palabras deslizándose por el aire cálido, desde el aire a los adentros, mis adentros aquí que ahora las escuchan en algún tocadiscos vecino, que ahora las gustan y regustan avivadoras de un tiempo tejido con ellas, con esas o parecidas palabras que cantaban verdades lánguidamente tristes, o fulgurantes como abiertas quemaduras, que iluminaban ilusiones de verdades. Palabras, de mujer o de hombre: palabras de bolero. De mujer, aquéllas, éstas que dicen y repiten y regustan sabor a mí, a mí que ahora, en gesto convencional, junto los párpados en son de recuerdo y dejo que mi cabeza repose en el hueco de mis manos y me dispongo a pensar que pienso y pienso ahora si llevarás sabor a mí, si llevaré sabor a ti si llevarán tus labios —¿dices que nada se pierde?— sí aún llevaran tus labios, que dónde los sabores otros que traías, los que creíste eternos, este mío de hoy…

Mira, yo, la Guiomar por ti creada, estoy ahora —fondo azul de boleros— creando una ilusión: por siempre llevarás sabor a mí. Y quien vive de crear ilusiones no morirá jamás de desengaños.

de Manuel Gandarias Carmona Publicado en Nube